2016: Año electoral - La Razón

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2016: Año electoral

Esta primera semana del mes de Enero marca el inicio de un año electoral en el cual los electores escogerán las nuevas autoridades que llenarán miles de cargos públicos a nivel de la Presidencia de la República, el Congreso Nacional y los Ayuntamientos del país. Esas elecciones que luego de la reforma a la Constitución del 2010 se harán simultáneamente para los tres niveles de elección, tendrán lugar sin un adecuado marco regulatorio, al no haberse aprobado la Ley sobre el régimen electoral como manda la Constitución, al tiempo de no disponerse de una Ley de Partidos que regule la vida interna y externa de los partidos.    

En esas circunstancias las viejas prácticas del uso de los recursos del Estado, agravada ahora por el control de las altas cortes por parte del partido de gobierno y por la vigencia de las prácticas del clientelismo electoral, de la compra y venta del voto, así como de la vuelta a la vieja tradición autoritaria de la politización de la Policía Electoral a favor del partido oficial, presagian unas elecciones caracterizadas por la desigualdad de condiciones y la monopolización de los recursos y medios de comunicación a favor del partido gobernante y en perjuicio de la oposición. En ese marco institucional desequilibrado y asimétrico no se pueden garantizar resultados legítimos y transparentes, de modo que salgan autoridades creíbles y confiables. En ese aspecto como en otros tantos de naturaleza institucional, el país ha ido retrocediendo hacia un régimen más bien de fuerza, violador de los derechos fundamentales, y estructurado de acuerdo alos criterios de la legitimidad fáctica, en vez de los criterios de la legitimidad interna o democrática. Por eso también no es de extrañar que esas elecciones se carguen de tensiones y de eventuales hechos de violencia y desorden, tal como ya se vieron en las primarias del partido oficial, precisamente por la falta de democracia interna decretada por la cúpula partidaria al congelar tanto los cargos electivos como la elección de las autoridades internas.    

En esas circunstancias el próximo torneo electoral será decisivo para el curso que habrá de seguir la vulnerada y amenazada democracia dominicana. La profundización de las tendencias que han incidido en el monopolio y control del poder político de parte del partido oficial, irán favoreciendo la transformación de la débil democracia en una nueva fase del régimen autoritario, aún dentro de una formalidad constitucional democrática cada vez más ideal que real. La tendencia a la monopolización de la política tiene su origen en la conversión de la clase política en clase económica dominante, condición que induce a su vez en la necesidad de controlar todas las fuentes institucionales del poder del Estado. Esa lógica del sistema hace que la política se confunda con los negocios y la clase gobernante se haga empresaria, con lo que se impide la vigencia de los principios democráticos de la separación y alternabilidad de los poderes, creándose con ello la materialidad institucional para una dictadura y no para una democracia. 

 La debilidad en que ha caído la oposición carente de respuestas para movilizar la conciencia democrática de la Nación contribuye a hacer más incierto el futuro democrático del país. 

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LaRazon.com.do Publicada el 5 de Abril del 2013 por MEDIOS Y ESPACIOS DEL CARIBE, Santiago de los Caballeros, República Dominicana.